lunes, 7 de noviembre de 2011

Educación

Entonces comencé a plantearme dudas sobre el sistema educativo en el que había estado inmerso, ese sistema que obliga a los chicos a quedarse quietos en una silla a partir de los seis años (creo que ahora es a los cuatro años), que les exige su conformidad y su obediencia, convierte la sumisión en una costumbre, y los doméstica para hacerles sentir la necesidad de seguir siempre las indicaciones de la autoridad -los profesores- y nunca cuestionan los juicios emitidos desde arriba. Así llegan a creer que el progreso consiste en aprender a creer lo que los profesores creen y en ser capaces de repetirlo cuando se les pide que así lo hagan.

(Mi vida, Elia Kazan)

----------
Enviado vía Nokia Email

Los libros

A medida que leía, los roncos sonidos provenientes de la habitación de al lado se iban amortiguando, hasta que finalmente dejaba de oírlos. Fue entonces cuando aprendí que siempre podría encontrar el consuelo necesario en los libros.

(Mi vida, Elia Kazan)

----------
Enviado vía Nokia Email

Cadáver

Desde entonces he sufrido fracasos con mis películas, obras de teatro y libros, y he aprendido que cuando "no lo consigues" nunca llegan a tus oídos malas noticias; simplemente no te llega ninguna noticia. La gente pasa de largo como si fueras un cadáver. No te queda más que olvidarte del asunto, y yo he aprendido muy bien a olvidarme de lo que no me interesa.

(Mi vida, Elia Kazan)

----------
Enviado vía Nokia Email

domingo, 6 de noviembre de 2011

Guirigay

Se trata de eliminar el guirigay confuso de los pájaros, sus adverbios y pronombres agudos, sus pronombres personales fáciles de espantar, para separar poco a poco el grano de la paja.

(El sanatorio de la clepsidra, Bruno Schulz)

----------
Enviado vía Nokia Email

sábado, 5 de noviembre de 2011

poema para perros extraviados

esa rara sensación de bienestar surge en los momentos
más extraños: una vez después de
haber dormido
en un banco de un parque en alguna ciudad desconocida,
me desperté con la ropa
húmeda de rocío y me levanté y comencé
a caminar rumbo al este,
hacia
el sol naciente
y en mi interior había una leve alegría
simplemente instalada allí.

en otra ocasión, después de charlar con una que
hacía la calle, íbamos paseando
a la luz de la luna, a las 2 de la madrugada, uno al lado del otro,
hacia mi cuartucho, pero yo no tenía ganas de llevármela a la cama,
esa leve alegría surgió del simple caminar a su lado
en este universo
confuso; éramos compañeros, extraños compañeros que caminan
juntos,
sin decirse nada.
de su bolso colgaba un pañuelo blanco y morado
que flotaba en la
oscuridad
mientras caminábamos,
y la música parecía venir de la luz de la luna.

y también aquella vez en que
me echaron por no pagar el alquiler y llevé la maleta
de mi mujer hasta la puerta de un desconocido, la vi entrar
y desaparecer, me quedé allí un rato, la oí reír a ella,
luego a él y luego
me fui.
iba andando, eran las 10 de una calurosa mañana, el
sol me cegaba y yo sólo notaba el ruido de
mis zapatos sobre el pavimiento y entonces
una voz: "eh, amigo, ¿podrías darnos algo?"
miré: sentados contra la pared había 3 mendigos de mediana edad,
con las caras rojas
ridículamente confusos y abatidos. "¿cuánto os falta para una botella?" pregunté. "24 centavos" me dijo
uno. metí la mano en el
bolsillo, cogí todas las monedas y se las di. "¡joder!,
gracias, hombre", me dijo.
seguí andando, tuve ganas de fumar, hurgué en
los bolsillos, toqué un trozo de papel,
lo saqué: era un billete de 5 dolares.

hubo otra ocasión, peleando (de nuevo) con Tommy el camarero
en el callejón para entretener a los clientes,
él me estaba dando la paliza
habitual, y todas las chicas con sus pantaloncitos cortos
alentaban a su musculoso machote irlandés
("¡eh, Tommy, rómpele el culo, rómpeselo bien!")
cuando sentí un click en el cerebro,
algo que me dijo por dentro
"ya es hora de cambiar" y golpeé a Tommy
bien fuerte en la sien, él me miró: un momento, esto
no está en el guión, entonces le di de nuevo y vi
cómo le brotaba el miedo como un torrente y
acabé en seguida con él. después los clientes le ayudaron
a levantarse y a entrar
mientras
me insultaban a mí. lo que me produjo esa alegría,
esa risa muda en mi interior, fue que lo logré porque
todo hombre tiene un límite.
me fui a un bar desconocido a una manzana de allí,
me senté y pedí una
cerveza
"aquí no servimos a mendigos", me dijo el camarero, "no
soy un mendigo", contesté, "tráeme esa cerveza" y la cerveza
llegó, le di un buen trago y ahí me quedé.

las sensaciones de bienestar surgen en los momentos más extraños
como ahora mientras os cuento
todo esto.


(Peleando a la contra, Charles Bukowski)

¡NO PODÉIS HACERME ESTO!

En cuanto a los caballos, me convertí en un auténtico estudioso del juego. Tenía alrededor de dos docenas de sistemas. Todos funcionaban, sólo que no podían aplicarse todos al mismo tiempo, porque estaban basados en diferentes factores. Mis sistemas sólo tenían un factor en común: que el público siempre tenía que perder. Uno tenía que determinar cuál era el juego del público y luego tratar de hacer lo contrario.

Uno de mis sistemas estaba basado en indicadores en la líneda de salida. Hay algunos números a los que el público es reacio. Cuando estos númerso llegan a una cierta cantidad de apuesta sobre el panel en relación con sus posiciones en la línea de salida, uno tiene un ganador de porceaje alto. Estudiando los gráficos de resultados correspondientes a muchos años de carreras en hipódromos de Canadá, Estados Unidos y México, descubrí una apuesta ganadora basada únicamente en esos indicadores. (El indicador señala el hipódromo y la carrera en la que el caballo apareció por última vez) El Racing Forum publicaba antes unos libros rojos, gordos y grandes, de resultados, por 10 dolares. Yo me los leía enteros durante horas, durante semanas. Todos los resultados tiene un modelo. Si uno consigue dar con el modelo, ya está. Y entonces se le puede decir al jefe que se meta el trabajo por el culo. Yo se lo había dicho a varios jefes, sólo para tener que buscarme otros nuevos. La mayor parte de las veces porque cambié o hice trampas a mis propios sistemas. La debilidad de la naturaleza es otra de las cosas que uno tiene que vencer en el hipódromo.

(...)

En cuanto a Cary Grant, tenía colgada una foto suya en el pabellón. Lleva unas gafas anticuadas y aquella sonrisa. Un tipo frío. Pero vaya jugador de caballos que era. Era un apostante de 2 dolares. Y cuando perdía sallía corriendo hacia la pista, agitadno los brazos y gritando: "¡NO PODÉIS HACERME ESTO!" Si sólo se va a apostar 2 dolares es preferible quedarse encasa, coger el dinero y pasarlo de un bolsillo a otro.

Por el contrario, mi mayor apuesta era de 20 dólares a ganador. Una ambición excesiva puede provocar errores, porque los desembolsos fuertes afectan a nuestros procesos racionales. Dos cosas más. No apostar nunca al caballo cuya valoración más alta de velocidad corresponda a su última carrera y no apostar nunca a un caballo que tenga una buena recta final.


(Peleando a la contra, Charles Bukowski)