viernes, 13 de septiembre de 2013

Cosmos

            Oculto dentro de toda investigación astronómica, a veces enterrado tan profundamente que el mismo investigador no se da cuenta de su presencia, hay siempre una especie de temor reverencial.



            Mientras tanto, y en otras partes, hay un numero infinito de universos, cada uno con su propio dios soñado, su sueño cósmico... Se dice que quizás los hombres no son los sueños de los dioses, sino que los dioses son los sueños de los hombres.



            Saber muchas cosas no es lo mismo que ser inteligente; la inteligencia no es solamente información, sino también juicio, la manera de coordinar y hacer uso de la información. 



            La escritura es quizás el mayor de los inventos humanos, un invento que une personas, ciudadanos de épocas distantes, que nunca se conocieron entre sí. Los libros rompen las ataduras del tiempo, y demuestran que el hombre puede hacer cosas mágicas.



            Los libros son como las semillas. Pueden estar siglos aletargados y luego florecer en el suelo menos prometedor.



            El proceso evolutivo sé caracteriza por una poderosa aleatoriedad.



            Cuanto más atrás ocurran los acontecimientos críticos, más poderosa puede ser su influencia en el presente.



            No está todavía claro que tengamos la sabiduría necesaria para evitar nuestra propia destrucción. Pero muchos de nosotros están luchando duro por conseguirlo. 



            Dijo que se conseguían mejores resultados si no se pensaba demasiado. Como sucede actualmente con la búsqueda de vida extraterrestre, la especulación sin freno delos aficionados había ahuyentado del campo a muchos profesionales.


(Cosmos, Carl Sagan)

jueves, 12 de septiembre de 2013

Dorotea

De pronto pensó: “No la hubiera dicho si se tratara de mi mujer”. Buscar a Dorotea en la hija fue una ilusión desesperada. Toda persona es irremplazable.

(Dorotea, Adolfo Bioy Casares)

Figura artística



A los desprevenidos los espanta la acumulación de objetos caseros horrendos por su parentesco con las obras de arte... Los arquetipos que hoy día el cine y la canción de moda están creando para la obliterada intuición propia de la fase del industrialismo tardío no es que liquiden el arte, es que sacan a la luz con ostentosa imbecilidad la ilusión que ya en las obras de arte primigenias vivía amurallada y que aún le confiere su poder a las más maduras.

(Minima Moralia, T. W. Adorno)

martes, 10 de septiembre de 2013

Al romper el alba

... Deba no dijo nada. Había perdido su delicioso impudor kamba y le acaricié la cabeza agachada, que tenía un tacto delicioso, y le toqué los sitios secretos detrás de sus orejas y ella levantó la mano, furtivamente, y tocó mis peores cicatrices.


            Sentado allí tomando mi té pensaba que la escisión, en el campamento, una escisión amistosa pero una escisión en espíritu y en apariencia, no era entre los creyentes y los no creyentes, ni entre lo bueno y lo malo, ni entre lo antiguo y lo nuevo, sino fundamentalmente entre cazadores y guerreros activos y los demás. Keiti había sido un hombre de guerra, un soldado, un gran cazador y rastreador y era él quien lo mantenía a todo cohesionado con su gran experiencia, conocimiento y autoridad. Pero Keiti era un hombre conservador de considerable riqueza y propiedades y en el tiempo de cambios que vivíamos ahora los conservadores tenían un papel difícil. Los jóvenes que habían sido demasiado jóvenes para la guerra y que nunca habían aprendido a caza, porque en su país ya no había caza, y eran chicos demasiado buenos e inexpertos...


... Todos nosotros considerábamos que cualquier clase de herida o desastre que nos pasase y que no produjese lesión grave ni fuera fatal era algo extraordinariamente cómico y eso era difícil para aquel chico que era delicado y amable y cariñoso. Quería ser guerrero y cazador, pero en cambio era aprendiz de cocinero y mozo de comedor.


            –Ya lo sé. Pero, por favor, no hagas daño a otras personas.
            –Todo el mundo hace daño a otras personas.


            –Entonces de repente la tontería se hace tan real como si alguien te cortase un brazo. Cortado de verdad. No como en un sueño. Quiero decir cortarlo de verdad de un tajo como Ngui con el panga.


            –Ya lo sé –dije–. Todo forma parte de lo mismo, gatita. Nada es tan simple como parece. Yo no soy bruto con esa chica. Sólo es una manera de ser correcto.


            –Pero ahí está esa extraña brusquedad y la inhumanidad y las bromas crueles. En todos vuestros chistes está la muerte. ¿Cuándo empezará otra vez a ser todo agradable y encantador?


            –Nos enseñan tan pocas cosas en la escuela –comentó Willie–. ¿Puedes darme alguna idea general sobre los Ríos del Viento, Papá?


            –Espero que esta vez esté buena. Debe de tener una mujer encantadora porque es tan feliz y amable. Cuando la gente tiene una mujer mala se les nota lo primero de todo.
            –¿Y qué me dices de un mal marido?
            –También se nota. Pero algunas veces se tarda más porque las mujeres son más valientes y leales.


            Había problemas de diversa índole. Pero el fuego y la noche y las estrellas los hacían parecer pequeños.



... Estaba claro que los mau–maus tenían misioneros entre los masais y estaban organizando a los kikuyu que trabajaban en las talas madereras del Kilimanjaro.

(Al romper el alba, Ernest Hemingway)

lunes, 9 de septiembre de 2013

Gracias, Lorenzo.

Lorenzo de Valla era un polígrafo del Renacimiento italiano. Un hombre controvertido, brusco, crítico, arrogante y pedante, que fue atacado por sus contemporaneos por sacrilegio, impudicia, temeridad y presunción… entre otras imperfecciones. Tras concluir que, por razones gramaticales, el credo de los apostoles no podía haber sido escrito realmente por los doce apóstoles. La Inquisición le declaró hereje y sólo la intervención de su mecenas, Alfonso, rey de Napoles, impidió que fuera inmolado. Inasequible aldesaliento en 1440 publicó un tratado demostrando que la Donación de Constantino era una burda falsificación. El lenguaje del documento equivalía al latín cortesano del siglo IV… Gracias a Lorenzo de Valla, la Iglesia católica romana ya no reclama el derecho a gobernar las naciones de Europa.

(El mundo y sus demonios, Carl Sagan)

Lonja



En una sorprendente anotación de su diario, Hebbel deja caer la pregunta de qué es lo que, “con el paso de los años, resta a la vida su encanto”. “Y es que en todas las muñecas vistosas, cuando quedan desvencijadas vemos el mecanismo por el que se las mueve, y, a causa de ello, la estimulante variedad del mundo se diluye en una insípida uniformidad. Cuando un niño ve actuar a los volatineros, tocar a los músicos, traer el agua a las muchachas y rodar a los carruajes, piensa que todo eso acontece por el puro placer y alegría de hacerlo; no puede imaginarse que esa gente también come y bebe, se va a la cama y se levanta. Pero nosotros sabemos cuál es la realidad.”... Los animales, al existir sin realizar ninguna tarea que el hombre les reconozca, son algo así como la expresión de su propio nombre, de o por esencia no intercambiable. Ello hace que los niños los amen y que su contemplación sea dichosa. Yo soy un rinoceronte, significa la figura del rinoceronte. Los cuentos y las operetas conocen estas figuras, y la cómica pregunta de la mujer acerca de cómo sabemos que Orión se llama en realidad Orión se eleva a las estrellas.

(Minima Moralia, T. W. Adorno)

jueves, 5 de septiembre de 2013

compañeros en la vida, compañeros en la muerte

Pasaron los años. Kikuo se hizo viejo y decrépito, y un mal día cayó enfermo. Yacía solo y abandonado en su pobre yacija, pensando con añoranza en su hermoso jardín, que en aquella época del año estaba florido, y en sus amados crisantemos. 

-¡Si muero, tendré que abandonaros! -murmuró, mientras una lágrima resbalaba por sus marchitas mejillas.

En aquel momento oyó un rumor de voces y un ruido de pisadas. La puerta se abrió y entraron en la estancia numerosos muchachos, pintorescamente vestidos de muchos colores, y todos ellos hermosísismos. Los visitantes rodearon el lecho, se inclinaron sobre el moribundo y dijeron:

-Somos los espíritus de los crisantemos que has plantado. Nos apena muchísimo verrte en este estado y por eso hemos venido a hacerte compañía.

El anciando sintiose confortado; una sonrisa triste apareció en su rostro pálido; y casi a pesar suyo, murmuró estas palabras:

-¡Cómo me apena dejaros, florecitas mías! Mas ¿cómo es posible que me acompañéis?

-Kikuo -dijeron a una vos los muchachos-; has sido un amigo para nosotros; más que un amigo: un padre; nos has dado toda la ternura de tu corazón, y nosotros no somos ingratos. En el mismo momento en que mueras, también nosotros moriremos y te seguiremos al cielo. Te lo prometemos solemnemente.

Al cabo de unos días, Kikuo murió; cuando llegaron los vecinos a rendir los honores póstumos a sus restos mortales, vieron con asomobro que todos los cristantemos que el muerto había plantado yacían en el suelo, marchitos.

(El hombre de los cristantemos)