En cambio en América ningún niño de padres bien situados tiene escrúpulos que
le impidan ganar un par de centavos repartiendo periódicos, y esa falta de
reparos ha cristalizado en los adultos en un hábito. De ahí que el europeo no
avisado le parezcan todos los americanos gente sin dignidad, dispuesta a
realizar servicios recompensados, así como, al contrario, éstos tiendan a
considerar al europeo como un vagabundo e imitador de príncipes.
(Minima Moralia, T. W. Adorno)
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