miércoles, 9 de abril de 2014

Una letra femenina azul pálido

Pesadas como reproches, las nudosas manos del viejo reposaban sobre sus muslos enflaquecidos. Nunca había visto Leónidas un sueño como el de aquel vecino.

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Sólo a través de un hijo queda el ser humano irremediablemente imbricado en el mundo, en la despiadada cadena de las causas y los efectos. Todos sabemos responder por lo que hacemos. No damos solamente la vida, sino también la muerte, la mentira, el dolor, la culpa. ¡Sobre todo la culpa! Que yo reconozca o no ser el padre de ese joven no altera en absoluto la realidad objetiva. Puedo esquivarlo, pero no escapar de él.

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Siempre aflora a la superficie ese viejo y repugnante sentimentalísmo que llevo dentro.

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Durante la noche, propicia a la comunicación, germina lo que se ha sembrado de día, el tierno retoño de la intriga. De ahí que ni un político bien situado pueda renunciar a la noche, un elemento gitanesco, pero productivo. Puede que hoy aún esté desempeñando el papel de ministro, pero mañana quizás logre hacerse con todo el poder del Estado si ha sabido captar e interpretar como es debido los signos de la época y no se ha comprometido incautamente con nadie.

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Las mujeres que aman poseen un sexto  sentido. Están provistas de un olfato certero como el de los animales de caza contra el enemigo. Su clarividencia detecta las culpas masculinas. Amelie lo había adivinado todo, aunque exagerándolo, distorsionándolo e interpretándolo mal, según su costumbre.



(Una letra femenina azul pálido, Franz Werfel)

2 comentarios:

Vivianne Sufan dijo...

Un gran saludo y abrazo desde Santiago de Chile!!!

enrique ponce dijo...

Va un saludo de regreso desde el Distrito Federal de México. :)

Cuídate mucho, mucho, mucho.

byebye