miércoles, 29 de mayo de 2013

Diario y fantasía



            La inteligencia obra como una suerte de ética. No permite concesiones, no tolera ruindades.

            Hay algo muy íntimo en las noches. La cama es un nido. Los sueños dejan nostalgias de cosas nuestras, que demasiado pronto olvidamos. Más exclusivamente que en la vigilia, en el sueño somos nosotros. Contribuimos con todo el reparto.


            Cuando yo era muy joven, un viejo escritor me explicaba: “Escribir lo que no has de publicar no es escribir. Escribir borradores no es escribir. Corregir no es escribir”.



            Mi tío Enrique me decía: “Todas las mujeres del mundo son tres o cuatro”. Y agregaba, a manera de explicación: “Imaginamos que hay muchas personas, porque hay muchas caras”. Aunque implícitamente me había dado la respuesta, yo preguntaba: “¿Los hombres también somos unos pocos?”. Mi tío respondía: “Es claro, seguramente; pero de los hombres no sé nada, porque no pienso en ellos”. 


(Diario y fantasía, Adolfo Bioy Casares)

martes, 28 de mayo de 2013

El hombre enfundado



            -¿Y qué tiene de raro? –dijo Burkin-. En este mundo no son pocas las personas solitarias por naturaleza que procuran esconderse en su concha a semejanza del caracol o del cangrejo. Puede ser que se trate de una manifestación de atavismo, de un retroceso hacia los tiempos en que el antepasado del hombre, sin ser todavía un animal sociable, vivía solo en su cueva; puede ser, sin embargo, que ello sea simplemente uno de los aspectos del carácter humano, ¿quién sabe?


            En los asuntos amorosos, y especialmente en el casamiento, la sugestión desempeña un gran papel. Todos –sus colegas y las damas- aseguraban a Bélikov que él debía casarse, que no le quedaba otra cosa en la vida que casarse; lo felicitábamos y con caras serias le decíamos trivialidades como, por ejemplo, que el matrimonio era un paso serio; además, Váreñka era bien parecida, interesante, tenía una granja y era hija de un consejero de estado; pero lo principal consistía en que era la primera mujer que lo trató en forma cariñosa y cordial, lo cual le hizo perder la cabeza y decidir que, efectivamente, debía casarse.


... Cuando en una noche de luna uno ve la ancha calle pueblerina con sus izbas, sus gavillas y sus adormecidos sauces, la paz penetra en el alma; escondiéndose en las sombras nocturnas de sus labores, sus preocupaciones y sus penas, la quieta calle aldeana es mansa, melancólica y bella, y parece que también las estrellas la contemplan con dulzura y que ya no hay maldad sobre la tierra y que todo está bien. En el extremo izquierdo del pueblo comenzaba el campo; se lo veía lejos, hasta el horizonte, y en toda la extensión de este campo, inundado de luz lunar, tampoco había movimiento ni ruido.
            -Ahí está la cosa –repitió Iván Ivánich-. Nosotros vivimos en la ciudad, sofocados, hacinados, escribimos papeles inútiles, jugamos a los naipes, ¿acaso no es eso un estuche? Y cuando pasamos toda la vida entre haraganes, pleitistas, mujeres tontas y ociosas, y escuchamos y decimos toda clase de majaredrías, ¿acaso no es eso un estuche?


(Un hombre enfundado, Antón Chéjov)

lunes, 27 de mayo de 2013

gente


El Túnel


... En realidad, siempre he pensado que no hay memoria colectiva, lo que quizá sea una forma de defensa de la especie humana. La frase “todo tiempo pasado fue mejor” no indica que antes sucedieran menos cosas malas, sino que –felizmente- la gente las echa en el olvido.


... La vanidad se encuentra en los lugares más inesperados: al lado de la bondad, de la abnegación, de la generosidad.


            -Usted se sonroja porque me ha reconocido. Y usted cree que esto es una casualidad, pero no es una casualidad, nunca hay casualidades.


            -Mi cabeza es un laberinto oscuro. A veces hay como relámpagos que iluminan algunos corredores. Nunca termino de saber por qué hago ciertas cosas. No, no es eso...


... En un planeta minúsculo, que corre hacia la nada desde millones de años, nacemos en medio de dolores, crecemos, luchamos, nos enfermamos, sufrimos, hacemos sufrir, gritamos, morimos, mueren y otros están naciendo para volver a empezar la comedia inútil.


            -Como alguien que estuviera parado en un desierto y de pronto cambiase de lugar con gran rapidez. ¿Comprende? La velocidad no importa, siempre está en el mismo paisaje.


... María. Simplemente María. Esa simplicidad me daba una vaga idea de pertenencia, una vaga idea de que la muchacha estaba ya en mi vida y de que, en cierto modo, me pertenecía.


... Mi experiencia me ha enseñado que, por el contrario, casi nunca lo es y que cuando hay algo que parece extraordinariamente claro, una acción que al parecer obedece a una causa sencilla, casi siempre hay debajo móviles más complejos. Una ejemplo de todos los días: la gente que da limosnas; en general, se considera que es más generosa y mejor que la gente que no las da. Me permitiré tratar con el mayor desdén esta teoría simplista. Cualquiera sabe que no se resuelve el problema de un mendigo (de un mendigo auténtico) con un peso o un pedazo de pan: solamente se resuelve el problema psicológico del señor que compra así, por casi nada, su tranquilidad espiritual y su título de generoso. Júzguese hasta qué punto esa gente es mezquina cuando no se decide a gastar más de un peso por día para asegurar su tranquilidad espiritual y la idea reconfortante y vanidosa de su bondad. ¡Cuánta más pureza de espíritu y cuánto más valor se requiere para sobrellevar la existencia de la miseria humana sin esta hipócrita (y usuaria) operación!


... Me pareció que era una frágil criatura en medio de un mundo cruel, lleno de fealdad y miseria. Sentí lo que muchas veces había sentido desde aquel momento del salón: que era un ser semejante a mí.


... Pienso ahora hasta qué punto el amor enceguece y qué mágico poder de trasformación tiene. ¡La hermosura del mundo! ¡Si es para morirse de risa!


... El suicidio seduce por su facilidad de aniquilación: en un segundo, todo este absurdo universo se derrumba como un gigantesco simulacro, como si la solidez de sus rascacielos, de sus acorazados, de sus tanques, de sus prisioneros no fuera más que un fantasmagoría, sin más solidez que los rascacielos, acorazados, tanques y prisiones de una pesadilla.


... “Entre este ser maravilloso y yo hay un vínculo secreto” y luego, cuando analizaba mis sentimientos, advertía que ella había empezado a serme indispensable (como alguien que uno encuentra en una isla desierta) para convertirse más tarde, una vez que el temor de la soledad absoluta ha pasado...


... en cuanto empieza a adquirir nueva seguridad, el orgullo, la vanidad y la soberbia, que al parecer habían sido aniquilados para siempre, comienzan a reaparecer, como animales que hubieran huido asustados; y en cierto modo a reaparecer con mayor petulancia, como avergonzados de haber caído hasta ese punto. No es difícil que en tales circunstancias se asista a actos de ingratitud y de desconocimiento.


... y ella ahora me decía que me comprendía, que también ella no era solamente barcos que parten y parques en el crepúsculos. ¿Qué podía querer decir sino que en su vida había cosas tan oscuras y despreciables como en la mía? ¿No podía ser lo de Hunter una pasión baja de ese género?


... ¡Qué poco quedaba de la vieja pintura de Juan Pablo Castel! ¡Ya tendrían motivos para admirarse esos imbéciles que me habían comprado a un arquitecto! ¡Como si un hombre pudiera cambiar de verdad! ¿Cuántos de esos imbéciles habían adivinado que debajo de mis arquitecturas y de “la cosa intelectual” había un volcán pronto a estallar? Ninguno. ¡Ya tendrían tiempo de sobra para ver estas columnas en pedazos, estas estatuas mutiladas, estas ruinas humeantes, estas escaleras infernales! Ahí estaban, como un museo de pesadillas petrificadas, como un Museo de la Desesperanza y de la Vergüenza. Pero había algo que quería destruir sin dejar siquiera rastros. Lo miré por última vez, sentí que la garganta se me contraía dolorosamente, pero no vacilé: a través de mis lágrimas vi confusamente cómo caía en pedazos aquella playa, aquella remota mujer ansiosa, aquella espera. Pisoteé los jirones de tela y los refregué hasta convertirlos en guiñapos sucios. ¡Ya nunca más recibiría respuestas aquella espera insensata! ¡Ahora sabía más que nunca que esa espera era completamente inútil!


... Con ella, que había sido como alguien detrás de un impenetrable muro de vidrio, a quien yo podría ver, pero no oír ni tocar; así, separados por el muro de vidrio, habíamos vivido ansiosamente, melancólicamente.


... y que en todo caso había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío, el túnel en que había trascurrido mi infancia, mi juventud, toda mi vida. Y en uno de esos trozos trasparentes del muro de piedra yo había visto a esta muchacha y había creído ingenuamente que venía por otro túnel paralelo al mío, cuando en realidad pertenecía al ancho mundo, al mundo sin límites de los que no viven en túneles; y quizá se había acercado por curiosidad a una de mis extrañas ventanas y había entrevisto el espectáculo de mi insalvable soledad, o le había intrigado el lenguaje mudo, la clave de mi cuadro. Y entonces, mientras yo avanzaba siempre por mi pasadizo, ella vivía afuera su vida normal, la vida agitada que llevan esas gentes que viven afuera, esa vida curiosa y absurda en que hay bailes y fiestas y alegría y frivolidad. Y a veces sucedía que cuando yo pasaba frente a una de mis ventanas ella estaba esperándome muda y ansiosa (¿por qué esperándome? ¿y por qué muda y ansiosa?); pero a veces sucedía que ella no llegaba a tiempo o se olvidaba de este pobre ser encajonado, y entonces yo, con la cara apretada contra el muro de vidrio, la veía a lo lejos sonreír o bailar despreocupadamente o, lo que era peor, no la veía en absoluto y la imaginaba en lugares inaccesibles o torpes. Y entonces sentía que mi destino era infinitamente más solitario que lo que había imaginado.


... ¡Qué implacable, qué fría, qué inmunda bestia puede haber agazapada en el corazón de la mujer más frágil!


... Sentí como si el último barco que podía rescatarme de mi isla desierta pasara a lo lejos sin advertir mis señales de desamparo. Mi cuerpo se derrumbó lentamente, como si le hubiera llegado la hora de la vejez. 


(El Túnel, Ernesto Sabato)

jueves, 23 de mayo de 2013

Princesa plebeya


La pobreza obliga a Lisei a contentarse con lo gastado –los “harapos”–, aunque le gustaría llevar otras cosas. Inconscientemente ha de desconfiar de todo lo que no se justifique prácticamente, viéndolo como un exceso... El carácter infantil, vertido en movimientos arbitrarios que dan al que vive en una penosa inestabilidad el aliento momentáneo para seguir viviendo, quiere representar la vida no deformada, la plenitud, y, sin embargo, relega a ésta al ámbito de la autoconservación, de cuyas necesidades aparenta estar libre... para el amor el brillo del alma es el de su ausencia. Así sólo parece humana la expresión de los ojos más próxima a la del animal, a la de las criaturas alejadas de la reflexión del yo. A la postre el alma es el anhelo de salvación de lo carente de alma.

(Minima Moralia, T. W. Adorno)

martes, 21 de mayo de 2013

Ernesto Sabato (Parte 2)



            La novela del siglo XX no sólo da cuenta de una realidad más compleja y verdadera que la del siglo pasado, sino que a adquirido una dimensión metafísica que no tenía. La soledad, el absurdo y la muerte, la esperanza y la desesperación, son temas perennes de toda la gran literatura... Por el contrario, pienso que es la actividad más compleja del espíritu de hoy, la más integral y la mas promisoria en este intento de indagar y expresar el drama que nos ha tocado vivir.


            Stephen Dedalus, en el Retrato, nos dice que “la personalidad del artista, a primera vista grito y cadencia, y después narración fluida y ondulante, desaparece de puro refinamiento, se impersonaliza, por decirlo así. El artista, como el Dios de la creación, queda dentro, o más allá, o por encima de su obra, invisible, sutilizando fuera de la vida, indiferente, arreglándose las uñas”.
            La novela debía ser una épica moderna, y como toda épica exigiría la desaparición total del narrador.
            ¡Qué ilusión! Por lo que sabemos de la vida de Joyce, tanto el Retrato como el Ulises no son sino la proyección sentimental, ideológica y filosófica del propio Joyce, de sus propias pasiones, de su drama o tragicomedia personal.


            Por la época en que escribía Madame Bovary, escribe Flaubert en su Correspondencia: “Es algo delicioso cuando se escribe no ser uno mismo, sino circular por toda la creación a la que se alude. Hoy, por ejemplo, hombre y mujer juntos, amantes y querida a la vez, me he paseado a caballo por un bosque, en un mediodía de otoño bajo las hojas amarillentas; yo era los caballos, las hojas, el viento, las palabras que se decían y el sol rojo que hacía entrecerrar sus párpados, ahogados de amor.”


... ¿Cómo asombrarse de que reivindicaran el seño, la infancia y la mentalidad primitiva? Herder veía en la poesía una manifestación de las fuerzas elementales del alma, y al lenguaje poético como al lenguaje primigenio de la criatura humana: el lenguaje de la metáfora y la inspiración, no el rígido y abstracto idioma de la ciencia, tal como si hubiera leído a Vico... Y el romanticismo era acaso lo más valioso que aún en su vejez guardaba recónditamente lo revela aquella defensa de Byron y su afirmación de que “para ser poeta tiene uno que entregarse al demonio”


            Nietzche se  preguntó si la vida debía dominar sobre la ciencia o la ciencia sobre la vida, y ante este interrogante característico de su tiempo, afirmó la preeminencia de la vida. Respuesta típica de todo el vasto insurgimiento que comenzaba. Para él, como para Kierkegaard, como para Dostoievsky, la vida del hombre no puede ser regida por las abstractas razones de la cabeza, sino por les raisons du coeur. La vida desborda los esquemas rígidos, es contradictoria y paradojal, no se rige por lo razonable, sino por lo insensato. ¿Y no significa esto proclamar la superioridad del arte sobre la ciencia para el conocimiento del hombre?... Contra el Sistema, defiende la radical incomprensibilidad de la criatura humana: el existente es irreductible a las leyes de la razón, es el loco dostoievskiano que escandaliza con sus tenebrosas verdades, ese endemoniado (¿pero qué el hombre no lo es?) que nos convence que para el ser humano el desorden es muchas veces preferido al orden, la guerra a la paz, el pecado a la virtud, la destrucción a la construcción. Ese extraño animal es contradictorio, no puede ser estudiado como un triángulo o una cadena de silogismos; es subjetivo, y sus sentimientos son únicos y personales; lo contingente, un hecho absurdo que no puede ser explicado. 
            ... Este sentido histórico del hombre, sin embargo, se hará una genuina reacción contra el racionalismo extremo en su discípulo Karl Marx, al convertir la criatura humana no sólo en proceso histórico sino en fenómeno social: “El hombre no es un ser abstracto, agazapado fuera del mundo. El hombre es el mundo de los hombres, el estado, la sociedad.” Y la conciencia del hombre es una conciencia social: el hombre de la ratio era una abstracción, pero también es una abstracción el hombre solitario


            Los tiempos modernos se edificaron sobre la ciencia, y no hay ciencia sino de lo general. Pero como la prescindencia de lo particular es la aniquilación de lo concreto, los tiempos modernos se edificaron aniquilando filosóficamente el cuerpo. Y si los platónicos lo excluyeron por motivos religiosos y metafísicos, la ciencia lo hizo por motivo heladamente gnoseológicos. Entre otras catástrofes para el hombre, esta proscripción acentuó su soledad. Porque la proscripción gnoseológica de las emociones y pasiones, la sola aceptación de la razón universal y objetiva convirtió al hombre en cosa, y las cosas no se comunican: el país donde mayor es la comunicación electrónica es también el país donde más grande es la soledad de los seres humanos.
            El lenguaje (el de la vida, no el de los matemáticos), ese otro lenguaje viviente que es el arte, el amor y la amistad, son todos intentos de reunión que el yo realiza desde su isla para trascender su soledad.
            ... Esta civilización, que es escisora, ha separado todo de todo: también el alma del cuerpo. Con consecuencias terribles. Considérese el amor: el cuerpo del otro es un objeto, y mientras el contacto se realice con el solo cuerpo no hay más que una forma de onanismo; únicamente mediante la relación con una integridad de cuerpo y alma el yo puede salir de sí mismo, trascender su soledad y lograr la comunión. Por eso el sexo puro es triste, ya que nos deja la soledad inicial con el agravante del intento frustrado. Se explica así que, aunque el amor ha sido uno de los temas centrales de todas las literaturas, en la de nuestra época adquiere una perspectiva trágica y una dimensión metafísica que no tuvo antes: no se trata del amor cortés de la época caballeresca, ni del amor mundano del siglo XVIII.


            ... El alma tironeada hacia arriba por nuestra ansia de eternidad y condenada a la muerte por su encarnación, parece ser la verdadera representante de la condición humana y la auténtica sede de nuestra infelicidad. Podríamos ser felices como animal o como espíritu puro, pero no como seres humanos.


            ... El espíritu destruye el mundo de los mitos por la acción mecánica de los conceptos, es la despersonalización y la muerte. El espíritu juzga mientras el alma vive. Y es el alma la única potencia del hombre capaz de solucionar los conflictos y antinomias que el espíritu tiende como una red sobre la realidad fluyente. Sólo los símbolos que inventa el alma permiten llegar a la verdad última del hombre, no los secos conceptos de la ciencia. Sólo el alma puede expresar el flujo de lo viviente, lo real-no-racional.
            De ahí la trascendencia gnoseológica de la novela. Porque la novela es producto del alma, no del espíritu.


            ... Entre el alma y el espíritu puro hay las mismas diferencias que entre la vida y el sacrificio de la vida, que entre el pecado y la virtud; que entre lo diabólico y lo divino. Y es el abismo que separa al novelista del filósofo.
            ... El artista se siente frente a un personaje suyo como un espectador ineficaz frente a un ser de carne y hueso: puede ver, puede hasta prever el acto, pero no lo puede evitar (lo que, de paso, revela hasta qué punto un hombre puede ser libre y esa libertad no es contradictoria con la omnisciencia de Dios). Hay algo irresistible que emana de las profundidades del ser ajeno, de su propia libertad, que ni el espectador ni el autor pueden impedir. Lo curioso, lo ontológicamente digno de asombro, es que esa criatura es una prolongación del artista; y todo sucede como si una parte de su ser fuese esquizofrénicamente testigo de la otra parte, de lo que la otra parte hace o se dispone a hacer: y testigo impotente.
            Así, la vida es libertad dentro de una situación, la vida de un personaje novelístico es doblemente libre, pues permite al autor ensayar, misteriosamente, otros destinos. Es a la vez una tentativa de escapar a nuestra inevitable limitación de posibilidades, y una evasión de lo cotidiano. La diferencia que existe, por ejemplo, entre el paranoico que crea un artista y un paranoico de carne y hueso es que el escritor que lo crea puede volver de la locura, mientras que el loco queda en el manicomio.
            ... En virtud de esa dialéctica existencial que se despliega desde el alma del escritor encarnándose 


(Lo mejor de Ernesto Sabato)

Aguafiestas


Las afinidades entre el ascetismo y la embriaguez, que la sabiduría psicológica universal siempre ha observado, la fobofilia de los santos y las prostitutas tiene un fundamento objetivamente indiscutible en el hecho de que el ascetismo ofrece mayor posibilidad de satisfacción que las dosificaciones de la cultura... Una construcción de Schopenhauer expresa inconscientemente algo de esta sospecha. El paso de la afirmación a la negación de la voluntad de vivir tiene lugar en el desarrollo de la idea según la cual en toda inhibición de la voluntad ésta sufre por causa de un obstáculo “que se interpone entre ella y el objetivo que persigue, mientras que, por el contrario, el logro de su objetivo tiene por resultado la satisfacción, el bienestar, la felicidad”... “Tan pronto como la necesidad y el sufrimiento conceden al hombre una tregua, el tedio está tan cerca que le crea la necesidad del pasatiempo. Lo que a todo ser vivo le ocupa y le pone en movimiento es la lucha por la existencia. Pero con la existencia una vez asegurada no sabemos qué hacer; de ahí que el segundo impulso que la pone en movimiento sea el deseo de sacudir la carga del existir, de hacerla insensible, de ‘matar el tiempo’, es decir, e huir del tedio”... No en vano combinó Baudelaire la esclavizante obsesión erótica con la espiritualización y llamó inmortales por igual al beso, al perfume y la conversación. La fugacidad del placer, que el ascetismo subraya, responde la hecho de que, fuera de los minutes hereuses, en los que la vida olvidada del amante revive en las rodillas de la amada (Ch. Baudelaire, le balcon), no se da placer ninguno.

(Minima Moralia, T. W. Adorno)

viernes, 17 de mayo de 2013

¡Fulio! ¡Fulio!

De las mujeres, "sólo han sido 20 y pico mil. No, no. Es un número un poco menor. Yo no he amado a la mujer: la sigo amando. ¿Por qué? Tengo ocho hijos y he visto su nacimiento, y sé de la abnegación de las madres por ellos. Amo a la mujer profundamente. Las respeto. Cuando me preguntan cuántas mujeres he tenido respondo que las suficientes para seguir queriéndolas cada vez más". Aquí recibió aplausos.

"¿Fiel? No. ¡Imposible! La debilidad es un síntoma de cinismo, ¿no? Si una chica guapa sale de su casa, va a trabajar... si se sube al coche... pues ¿que quieren? Imagínense, en el aeropuerto de China, con todas esas chicas besándome, que me gritaban '¡Fulio, Fulio!', porque así me dicen. Son cosas privilegiadas".

(Julio Iglesias en el periódico La Jornada)

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jueves, 16 de mayo de 2013

Ernesto Sabato (Parte 1)


... La diferencia, además, entre un novelista y un loco es que el novelista puede ir hasta la locura y volver. Los locos no vuelven, ni son capaces de escribir una novela de locos. Una novela es un cosmos, un orden. Y el demente vive en el desorden total.


... Más tarde comprendí la raíz del fenómeno: los seres humanos no pueden representar nunca las angustias metafísicas al estado de puras ideas, sino que lo hacen encarnándolas, oscureciéndolas con sus sentimientos y pasiones. Los seres carnales son esencialmente misteriosos y se mueven a impulsos imprevisibles, aun para el mismo escritor que sirve de intermediario entre ese singular mundo irreal pero verdadero de la ficción y el lector que sigue el drama. Las ideas metafísicas se convierten así en problemas psicológicos.



            Todas estas preguntas me han preocupado a lo largo de muchos años, pues para mí, como para otros escritores de hoy, la literatura no es un pasatiempo ni una evasión, sino una forma –quizá la más competa y profunda– de examinar la condición humana.


... No creo que se logre ninguna claridad ni que se llegue a una conclusión neta y valedera si no se plantea el fenómeno de la novela como epifenómeno de un drama infinitamente más vasto, exterior a la literatura misma: el drama de la civilización que dio origen a esa curiosa actividad del espíritu occidental que es la ficción novelesca... Ninguna actividad del espíritu y ni uno solo de sus productos puede entenderse y juzgarse aisladamente en el estrecho ámbito de su ciudadanía: ni el arte, ni la ciencia, ni las instituciones jurídicas; pero muchísimo menos esa actividad que tan entrañablemente aparece unida a la condición total y misteriosa del hombre, reflejo y muestrario de sus ideas, angustias y esperanzas, testimonio total del espíritu de su tiempo.


            Decía Donne que nadie duerme en la carreta que lo conduce de la cárcel al patíbulo, y que sin embargo todos dormimos desde la matriz hasta la sepultura, o no estamos enteramente despiertos.
            Una de las misiones de la gran literatura: despertar al hombre que viaja hacia el patíbulo.


... momento en que llega a afirmar Kierkegaard que “las conclusiones de la pasión son las únicas dignas de fe”.
... Y así se desacreditó lo subjetivo, así se desprestigió lo emocional y el hombre concreto que guillotinado (muchas veces en la plaza pública y en efecto) en nombre de la Objetividad, la Universalidad, la Verdad y, lo que fue más tragicómico, en nombre de la humanidad.
... Y a menos que neguemos realidad a un amor o a una locura, debemos concluir que el conocimiento de vastos territorios de la realidad está reservado al arte y solamente a él.


... Para Ortega, por ejemplo, la deshumanización del arte está probada por el divorcio existente entre el artista y su público. No advirtiendo que pudiera ser exactamente al revés, que no fuera el artista el deshumanizado, sino el público. Es obvio que una cosa es la humanidad y otra muy distinta el público-masa, ese conjunto de seres que han dejado de ser hombres para convertirse en objetos fabricados en serie, moldeados por una educación estandarizada, embutidos en fábricas y oficinas, sacudidos diariamente al unísono por la noticia lanzada por las centrales electrónicas, pervertidos y codificados por una manufactura de historietas y novelones radiales, de cromos periodísticos y de estatuillas de bazar. Mientras que el artista es el único por excelencia, es el que gracias a su incapacidad de adaptación, a su rebeldía, a su locura, ha conservado paradojalmente los atributos más preciosos del ser humano. ¿Qué importa que a veces exagere y se corte una oreja? Aun así estará más cerca del hombre concreto que un razonable amanuense en el fondo de un ministerio. Es cierto que el artista, acorralado y desesperado, termina por huir al África, a los paraísos del alcohol o la morfina, la propia muerte. ¿Indica todo eso que es él quien está deshumanizado?
            Lo que hace crisis no es el arte sino el caduco concepto burgués de la “realidad”, la ingenua creencia en la realidad externa. Y es absurdo juzgar un cuadro de Van Gogh desde ese punto de vista. Cuando a pesar de todo se lo hace –¡y con qué frecuencia! – no puede concluirse sino lo que se concluye: que describen una especie de irrealidad, figuras y objetos de un territorio fantasmal, productos de un hombre enloquecido por la angustia y la soledad.
            No obstante, Wladimir Weidlé, en su conocido ensayo afirma que asistimos al ocaso de la novela porque el artista de hoy “es impotente para entregarse por completo a la imaginación creadora”, obsesionado como está por su propio ego; y frente a los grandes novelistas del siglo XIX, dice, “a esos escritores que, como Balzac, creaban un mundo y mostraban criaturas vivientes desde fuera, a esos novelistas que, como Tolstoi, daban la impresión de ser el propio Dios, los escritores del siglo XX son incapaces de trascender su propio yo, hipnotizados por sus desventuras y ansiedades, eternamente monologando en un mundo de fantasmas”.
... llegamos a la conclusión de que los escritores más realistas son los que en lugar de atender a la trivial descripción de trajes de costumbres describen los sentimientos, pasiones e ideas, los rincones del mundo inconsciente y subconsciente de sus personaje; actividad que no sólo no implica el abandono de ese mundo externo sino que es la única que permite darle su verdadera dimensión y alcance para el ser humano; ya que para el hombre sólo importo que entrañablemente se relaciona con su espíritu: aquel paisaje, aquellos seres, aquellas revoluciones que de una manera u otra ve, siente y sufre desde su alma.

(Lo Mejor de Ernesto Sabato) 

martes, 14 de mayo de 2013

Las verdes colinas de África (1935)




... Pero no es agradable disponer de un tiempo limitado en el que hay que cazar el kudú que se desea o quizá no conseguirlo jamás, ni siquiera ver uno. No es ésta la forma en que se debe cazar. Hacerlo así es parecido a la experiencia que hacen esos muchachos que son enviados a París con dos años para trasformarse en buenos pintores o escritores tras los cuales, si no lo han conseguido, deben volver a casa y dedicarse al negocio de la familia. La forma de cazar es hacerlo por tanto tiempo como se vive y mientras se sepa que existe tal o cual animal; de la misma forma que el pintar debe hacerse en tanto exista uno y colores y lienzos, y escribir en tanto que uno exista y disponga de papel y lápiz, o tinta, o una máquina para hacerlo y cualquier cosa sobre lo que a uno le apetezca escribir; uno se siente imbécil si lo hace de otra forma.


... Mi esposa sabe ahora todo lo que yo pienso, lo que digo, lo que creo, todo lo que puedo hacer, lo que no puedo hacer y lo que no puedo ser. Yo también sé todo sobre mi esposa... todo en absoluto. Pero ahora tenemos alguien a quien no conocemos, que no nos conoce, que nos ama en su ignorancia y es extraña para los dos. Alguien muy atractiva que es nuestra y no es nuestra y que hace nuestras conversaciones.


            –No tenemos grandes escritores –respondí yo–. Algo les pasa a nuestros buenos escritores cuando llegan a cierta edad. Puedo explicarlo, pero es muy largo y le podría aburrir.
            –Por favor, explíquelo –respondió–. Eso es lo que a mí me gusta. Eso es lo mejor que tiene la vida. La vida de la mente. Eso no es como cazar kudús.


... Este es el caso de Melville. Pero la gente que le ensalza, lo hace por la retórica, que es lo que menos importa. Ven un misterio donde no existe.
            –Sí –me respondió–, comprendo. Pero es el trabajo de la mente, la habilidad de hacerla trabajar, lo que hace la retórica son las chispas azules de la dínamo.


... Algunos escritores nacen para ayudar a que otro escritor escriba una sola frase. Pero no puede sacarla de un clásico anterior.


... De otro modo les ocurre lo que a los escritores de Nueva York. Son como gusanos encerrados en una botella, que intentan extraer conocimiento y nutrición de su mutuo contacto y de la botella. Algunas veces la botella es arte formativo, otras economía, otras economía y religión. Pero están en la botella y en ella permanecerán. Se sienten solitarios fuera de ella. No quieren sentirse solitarios. Tienen miedo de estar solos con sus creencias y ninguna mujer amaría a ninguno de ellos bastante para permitirles matar su soledad en esa mujer o unir la suya a la de ella, o hacer con ella algo que hiciera de todo lo demás una cosa secundaria.


            –Los buenos escritores son Henry James, Stephen Crane y Mark Twain. No es que éste sea el orden jerárquico de su bondad. No hay jerarquías entre los buenos escritores.


            –Toda la literatura moderna americana procede de un libro de Mark Twain llamado Huckleberry Finn. Si usted lo lee debe detenerse donde el negro Jim es robado a los muchachos. Este es el verdadero final. El resto es pura paja. Pero es el mejor libro que tenemos. Todo lo que se ha escrito en América procede de él. Nada existía antes. Nada tan bueno ha existido desde entonces.


            –Les destruimos de muchas maneras. En primer lugar económicamente. Ganan dinero. Sólo por casualidad gana dinero un escritor, aunque los buenos libros terminan siempre por dar dinero. Nuestros escritores, en cuanto han ganado algún dinero aumentan su nivel de vida y quedan apresados. Tienen que escribir para mantener su situación, sus esposas y demás, y escriben vulgaridades. No son vulgaridades hechas a propósito, sino porque están hechas apresuradamente. Porque escriben cuando no tienen nada que decir, cuando se les ha secado la fuente. Porque son ambiciosos. Luego, una vez se han traicionado a sí mismos, lo justifican y escriben más vulgaridades. Eso o leen a los críticos. Si creen a los críticos cuando éstos dicen que son grandes han de creerles también cuando afirman que son unos podridos, y entonces pierden confianza por medio de la lectura de los críticos. Si escribieran, algunas veces sería bueno, otras malo y otras peor, pero lo bueno saldría. Pero como han leído a los críticos han de escribir obras maestras. Las obras maestras que los críticos afirman que escribieron. Por supuesto que no eran obras maestras. Eran, sencillamente, buenos libros. En consecuencia, no pueden escribir nada. Los críticos les han hecho impotentes.


... A cierta edad los escritores masculinos adoptan un aire protector, y sapiente. Las escritoras se trasforman en Juanas de Arco sin causa. Se trasforman en conductores de hombres. No importa a quién conduzcan. Si no tienen seguidores se los inventan. Es inútil que los elegidos como seguidores protestes. Les acusan de deslealtad. Pero, demonio, son muchas las cosas que les ocurren. Lo que le digo es otra tratan de salvar sus almas con lo que escriben. Este es el camino más fácil. Otros quedan destrozados por el primer dinero que ganan, la primera alabanza, el primer ataque, la primera vez que descubres que no son capaces de escribir, la primera vez que comprueban que son incapaces de hacer otra cosa, o cobran miedo y se unen a organizaciones para pensar por cuenta de ellas. O no saben lo que quieren. Henry James quería hacer dinero. Naturalmente no lo consiguió.


            –Escribir lo mejor que pueda y aprender en el proceso. Al mismo tiempo tengo a mi mujer, con la que lo paso muy bien y me doy una buena vida.



            –¿De qué se trata ahora?
            –De la clase de obras que pueden ser escritas. De hasta dónde puede llevarse la prosa si uno es lo bastante serio y tiene suerte. Existe una cuarta y quinta dimensión que pueden ser alcanzadas.


            –No. Es algo más difícil que la poesía. Es una prosa que no ha sido escrita nunca. Pero puede ser escrita, sin trucos ni engaños. Sin nada malo que siga después.
            –¿Y por qué no ha sido escrita?
            –Porque intervienen muchos factores. Primero, hay que tener talento, mucho talento. Tanto talento como tuvo Kipling. Luego hay que tener disciplina. La disciplina de Flaubert. Luego hay que tener un concepto claro de lo que puede ser y una conciencia tan absoluta e invariable como el metro patrón de París, para evitar las debilidades. Luego el escritor debe ser inteligente y desinteresado y sobre todo debe sobrevivir. Intente unir todas estas cosas en una persona y permítale atravesar todas las influiencias que presionan a un escritor. Lo más difícil, porque el tiempo es tan corto, es que pueda sobrevivir y ver su obra acabada. Pero a mí me gustaría tener entre nosotros un escritor así y leer lo que él pudiera escribir.


... Aquello, desde luego, era sólo temporal. Yo era el hombre de Pop y creo que las estimaciones profesionales se hacen día a día y requieren una serie ininterrumpida de acontecimientos para tener algún significado. Pero algo había sucedido entre nosotros dos.


... Sabía que estaba cazando bien y tenía esa sensación de bienestar y de confianza en mí mismo que siempre es mucho más agradable tener que oír hablar de ella.


... acompañado de rastreadores en quienes no confiaba, comiendo solo, sin nadie con quien hablar, su esposa a nueve mil millas y tres meses de distancia.


... Su audacia y valor eran tan automáticos y hasta tal punto un simple estado de ánimo natural que nunca pensaba en el peligro. Pero el peligro estaba en las manos de Pop y por él sentía una completa, clara y absoluta adoración. Pop era el ideal de lo que un hombre debía ser para ella: valiente, apacible, cómico, sin perder nunca el dominio de sí mismo, no haciéndose nunca el fanfarrón, nunca quejándose excepto mediante algún chiste, tolerante, comprensivo, inteligente, bebiendo un poco más de la cuenta, como debe hacer un buen hombre y, a sus ojos, muy guapo.


... leer Seastopol de Tolstoi. Era un libro que había escrito de joven y tenía una bonita descripción de una batalla, en la que los franceses tomaban el reducto, y pensé en Tolstoi y en la gran ventaja que proporciona la experiencia guerrera a un escritor. Aquél era uno de los temas más importantes, y seguramente de los más difíciles, sobre el que se podía escribir con sinceridad y los escritores que no habían vivido esa experiencia estaban siempre celosos y trataban de quitarle importancia, o calificarla de anormal, diciendo que era un mal tema, aunque realmente aquello era algo completamente irreemplazable, algo importante de la vida que se había perdido.


... una revolución es con mucho la mejor experiencia si uno no se convierte en fanático e intolerante, porque todos hablan en el mismo lenguaje. Lo mismo que una guerra civil es la mejor guerra para un escritor, la más completa. Stendhal había visto una guerra y Napoleón le había enseñado a escribir. Entonces, les estaba enseñando a todos; pero ningún otro aprendió. Dostoyevski se realizó gracias a que le enviaron a Siberia. Los escritores se forjan en la injusticia igual que se forja una espada.


            Lo que yo tenía que hacer era trabajar. No me preocupaba de manera particular cómo iba a manifestar mi obra. Ya no me tomaba mi propia vida seriamente, la vida de cualquier otra persona sí pero no la mía. Todos ellos querían algo que yo no deseaba y lo conseguiría fácilmente, si trabajaba. Trabajar era lo único importante, era lo único que siempre te hace sentirte bien y, entre tanto, se trataba de mi propia y condenada vida y la conduciría dónde y cómo me gustara. Y donde la había conducido ahora me agradaba mucho. Este era un cielo mejor que el de Italia. Era lo mejor de todo. El mejor cielo estaba en Italia y en España y en el norte de Michigan en el otoño y también en el otoño en el golfo de Cuba. Se podía vencer a este cielo; pero no al país.


... amaba al país de tal forma que era feliz como se es feliz después de haber estado con una mujer a la que verdaderamente se ama, cuando, vacío, se siente brotar de nuevo el amor y ahí está y nunca puede tenerse todo y sin embargo, lo que hay ahora se puede tener, y se quiere más y más, tener, y ser, y vivir en, poseer ahora de nuevo para siempre, para ese largo y súbitamente acabado siempre;...


... Hasta las botas sin los pesados calcetines, habían dejado de dolerle, pero yo odiaba más que nunca a los hijos de mala madre que se creen justos y que tienen siempre razón, especialmente un amigo americano ausente, y me retiré a mí mismo de aquella categoría de seres despreciables, dispuesto a no volver a querer tener razón jamás,...


... Un país finalmente, se desgasta y el polvo se lo lleva el viento, todas las personas mueren y ninguna de ellas tuvo ningún valor permanente, excepto los que practicaron las artes, y ahora éstos no quieren continuar en su empeño porque es un esfuerzo demasiado duro, y, además, no está de moda. Mil años convierten la economía en una cosa estúpida y una obra de arte resiste siempre, pero es muy difícil de crear y ahora no está de moda. Nadie desea ya comprometerse en esa hermosa tarea porque piensan que estarían pasados de moda y los piojosos que viven de la literatura no les elogiarían. Además, es algo muy difícil de conseguir.


... Ahora, avanzando, seguro de que estaba allí, sentía el júbilo, el mejor júbilo de todos, el que precede a cierta acción futura, acción de la cual uno forma parte cuando hay algo que hacer, acción en la cual uno puede matar y salir libre de ella, haciendo algo que uno ignora y a pesar de eso, no estar atemorizado, sin preocuparse por nadie y sin sentir ninguna responsabilidad, sólo pensando en realizar algo que uno se siente seguro de poder realizar,...


            Sabe que está demasiado enfurecido para disparar y siente que le han hecho trampa. Siempre hay algo que le está engañando, la necesidad de hacer las cosas de otra forma que no sea regular, o mediante una ordenanza inexacta en la que los detalles no están especificados, o el hecho de tener que hacerlo delante de la gente o tener prisas para hacerlo.


... De esa forma, después del cementerio militar, que era un lugar agradable, limpio, bien cuidado y tan bueno como cualquier otro para dormir el sueño de los justos. 


... Me habían disparado y me habían lisiado y había salido de aquella situación. Siempre esperé morir de una cosa o de otra y, sinceramente, eso no me preocupaba. Puesto que todavía me gustaba cazar, decidí que sólo dispararía mientras pudiera matar limpiamente y, tan pronto como perdiera esa habilidad, lo dejaría.
            Si uno se alista con los que luchan por la sociedad, por la democracia y todas esas cosas cuando es joven y se declina después cualquier otro alistamiento, y se hace responsable sólo de uno mismo, cambia el hedor agradable y reconfortante de los camaradas por algo que no puede sentirse nunca de ninguna otra forma más que consigo mismo. Este algo no puedo definirlo todavía totalmente, pero la sensación se produce cuando se escribe bien y con verdad sobre una cosa y se sabe de manera impersonal que se ha escrito de esa forma y aquellos que cobran para leerlo e informar a los lectores no les gusta el tema, de tal manera que dicen que todo es falso, pero tú sabes que su valor es absoluto; o cuando haces algo que la gente no considera una ocupación seria y sin embargo, sabes, de verdad, que es tan importante y ha sido siempre tan importante como todas las cosas que están de moda;...


... Todo esto bien pastoreado por los barcos recogedores de basura que cogen sus presas con largas pértigas, tan interesados, tan inteligentes, y tan exactos como historiadores. Ellos poseen el punto de vista; la corriente, sin que el fluir se haga visible, recoge cinco cargas de todo esto al día cuando las cosas marchan bien en La Habana y, un espacio que se extiende a lo largo de la costa, está claro y azul, sin que nada se modifique por ello, como lo estuvo siempre antes de que la corriente se llevara lo que depositan los lanchones de la basura. Y las hojas de palma de nuestras victorias, las lámparas de luz gastadas de nuestros descubrimientos y los preservativos vacíos de nuestros grandes amores flotan sin ningún significado contra una cosa única permanente: la corriente.


... Es lo que ocurre siempre con la caza, no se sabe nunca lo que pasar, y sucede lo mismo con cualquier tipo de caza, tanto aquí como en otras partes.


            –A eso se debe que la mujer sea una favorita universal.


            Y señalé a la lona donde la lluvia hacía el ruido más bonito que nosotros, que vivíamos una gran parte del tiempo fuera de las casas, habíamos oído nunca. Era un sonido encantador, aunque nos estuviera llamando toda clase de cosas.


            –El mundo está cada vez más complicado –aseguró Pop.


... Todo el mundo en nuestra ciudad abandona el trabajo para tomarse un descanso. Todos los pescadores se han metido a carpinteros. El reverso de la Biblia.


            –Sí, si se tiene bastante material. Se necesita recoger una enorme cantidad de hechos pasados. Es muy difícil conseguir algo verdadero sobre lo que no se ha visto, porque los que fracasan siempre tienen mala prensa y los vencedores siempre mienten mucho. Además, sólo pueden seguirse realmente en los países donde se habla el idioma. Lo que, naturalmente, limita mucho la experiencia. Esa es la razón por la cual nunca he ido a Rusia. Cuando no puede entenderse lo que se dice, no está bien. Todo lo que se consigue así es material de segunda mano o la posibilidad de visitar los lugares donde ocurrieron los acontecimientos, pero nada más. Cualquiera que sepa un idioma extranjero en cualquier país es alguien que puede fácilmente mentirle. Siempre se consigue lo bueno de la gente común y cuando no se puede hablar con ella y no puede entendérsela, no se obtiene nada que valga la pena, excepto si lo que se busca es algo que tenga algún valor periodístico.


... Cuando habla sobre algo, nunca vuelve a escribirlo. Ahora, por ejemplo, sé que está a punto de comenzar a escribir.


            –¡Señor! Les aseguro que la vida literaria es lo más importante de todo –dijo Pop–. Y les aconsejo que no apuesten en contra.


... miré, como hacía todas las mañanas, aquella borrosa mancha de estrellas que los románticos de los astrónomos llamaban la Cruz del Sur. Todas las mañanas a aquella hora, observaba, como una ceremonia solemne, la Cruz del Sur.


            –Es la obra de un solo actor –dijo Pop–. Es necesario que la acción comience lo antes posible, y es lo que hay que hacer, y cuanto antes se acabe mejor. No crea que estas cosas son muy fáciles.


            Tenía las orejas retorcidas lo mismo que los masai. Viéndoles correr, tan hermosos y contentos, hacían que nos sintiéramos felices. Nunca había visto una amistad tan rápida y desinteresada, ni gente que tuviera un aspecto tan estupendo.


... Tenían esta actitud que hace que las personas se sientan hermanas, la seguridad inexpresada, pero instantánea y completa, de que se puede ser masai se proceda de donde se proceda. Esa actitud sólo la tienen los mejores ingleses, los mejores húngaros, y los mejores españoles; era lo que significaba la distinción más clara de la nobleza cuando ésta existía. Es una actitud ignorante y las personas que la tienen no sobreviven, pero conozco pocas cosas más agradables en el mundo que el encuentro con gente así.


..., pensaba que todas las regiones del mundo son la misma región y que todos los cazadores del mundo son el mismo cazador.


... No me importaba nada matar cualquier animal, con tal de hacerlo limpiamente, todos tenían que morir y mi interferencia con la muerte ancestral, provocada por el ciclo de las estaciones, que no se interrumpía nunca, era muy minuciosa y no me causaba sensación alguna de culpabilidad.


... Me gustaban estas tierras y me sentía como en mi casa, y donde un hombre se siente como en su casa fuera del país donde ha nacido, es allí donde quiere ir.


            Un continente envejece rápidamente una vez que nosotros llegamos. Los nativos viven en armonía con él. Pero el extranjero destruye, corta los árboles, consume y seca el agua, de lar forma que se altera el suministro de agua y, en poco tiempo, el suelo, una vez que el césped se revuelve y se cultiva, se estropea, la tierra comienza a desaparecer llevada por el viento como sucede en todo viejo país y como yo había visto que comenzaba a ocurrir en el Canadá. La tierra se cansa de ser explotada. La tierra se gasta rápidamente a menos que el hombre le devuelva sus propios residuos y los de sus bestias. Cuando deja de utilizar bestias y utiliza máquinas, la tierra le derrota rápidamente. La máquina no puede reproducir, no fertiliza el suelo, y se come lo que no puede cultivar. Un país está hecho para dejarlo como lo hemos encontrado. Nosotros somos los intrusos y después de muertos podemos haberlo arruinado, pero todavía está allí y no sabemos cuáles serán los cambios que vendrán después. Supongo que todos terminan lo mismo que Mongolia. 


... y ahora yo debía buscar cualquier otro lugar, como siempre había hecho el hombre, y éste era uno de los derechos fundamentales del ser humano. Siempre se puede volver.


(Las verdes colinas de África, Ernest Hemingway) 

lunes, 13 de mayo de 2013

puntos

Struwwelpeter (personaje de Heinrich Hoffmann que da título a su libro y que representa al niño desarreglado).-… Ahora, por el contrario, la distancia más corta entre dos personas es la recta, como si éstas fuesen puntos. Del mismo modo que hoy día se construyen paredes coladas en un sola pieza, también es sustituido el cemento entre los hombres por la presión que los mantiene juntos.

(Minima Moralia, T. W. Adorno)

rosa


viernes, 10 de mayo de 2013

Memorias y Digresiones


 

Un museo de objetos monstruosos:
   ... Hay que vivir lejos de las cosas feas, me dije: no tolerar que la perversa curiosidad nos eche en brazos de cualquier mujer ni que en la lista de obras aparezcan los primeros libros.


Ser los otros:
   Consuélate pensando: “Si me va mal, le va bien”.


Viajes:
   Cuando viajamos, el presente no logra su plena realidad; es casi un pasado, casi una anécdota; por eso es nostálgico y, también, feliz. (De noche, en Londres)


Nadie es totalmente fuerte:
   El mismo lobo tiene momentos de debilidad, en que se pone del lado del cordero, y piensa: “Ojalá que huya”.


Filósofo e historiador:
   Dije (faltando apenas a la verdad) que prefiero la conversación de las mujeres a la conversación de los hombres, porque los hombres son historiadores, las mujeres, filósofos. Los hombres declaran que tal político pactó en el clero, que baja el kilo vivo y que el ocho se dio tres veces. Las mujeres discurren sobre la vida, sobre la muerte y sobre el amor.


Interlocutores:
   ... A la observación más fortuita y más innocua le buscan una interpretación personal. Como todo el mundo, sólo están interesadas en sí mismas. La llave del éxito: Recuerda siempre que tu interlocutor no tiene otro interés que sí mismo. Háblale del él; ofrécele una ocasión para que se analice y para que se explique; no lo obligues a admitir en trueque informaciones sobre ti. ¿No ves? El pobre espera cortésmente que te calles; recoge tus palabras como parte de un trueque inevitable; no le interesan; quiere hablar de nuevo.


Suspensiones de la incredulidad
   ... “¡Soy el amante de una mujer casada!”, jugamos a ser amantes, jugamos a ser estancieros o abogados o escritores, jugamos a establecernos en los lugares y en el mundo, jugamos a estar tristes y jugamos a que nada nos gusta tanto como el tango Una noche de garufa, el té solo, Aix en Provence, o escribir en cuadernos de papel cuadriculados y suave. ¿O no es sincero el que no sabe fingir ante sí mismo?

La vida, para los jóvenes
   I
¿No hubo acaso un momento de mi vida –y de la tuya, lector- en que todo era posible?
   II
Alguna vez creí que todo era muy poco en la inmensidad de mi vida.


A mi prójimo 
   Tu alma didáctica no debe halagarse con la suposición de que te irrito porque tengo defectos. Te irrito porque existo.


Resultado
   Conócete a ti mismo; conviértete en egoísta y en enfermo.


La vocación 
   De las peores aberraciones del intelecto y de una conjugación de los maestro más groseros, como una rosa nacida en la basura, surge trémula pero incontaminada y triunfal, la vocación literaria.


Escribir
   Cada frase es un problema que la próxima frase plantea nuevamente.


Para un tesoro de sabiduría popular 
   Me dice la tucumana: “Si te pica una araña, mátala en el acto. Igual distancia recorrerán la araña desde la picadura y el veneno hacia tu corazón”.


Ex poeta
   Un amigo me explica: “Hasta hace cosa de dos años el muchacho no hacía más que leer poesía; era un haragán perfecto. De pronto, como a quien lo llama la vocación religiosa, se metió en los negocios y lo agarró el torbellino. Ahí lo tienes, un hombre cambiado: trabaja todo el día, gana plata que es un gusto. Lo malo es que el nerviosismo lo afecta y la cara se le llenó de granos. Ahora sueña con retirase por dos o tres meses a una chacra, a leer poesía, a bocetar algún soneto, a descansar, a curarse. Pero el torbellino lo tiene como loco y no puede”.


Motivos 
   Los enamorados más fieles, aquellos que se entregan más generosamente, traicionan por principio, para rescatarse un poco.


Suertes habituales 
   Habría que persuadir a la gente de que, en amor, gustar y no gustar, dejar y ser dejado, son las suertes ordinarias, que debemos acatar con naturalidad, sin orgullo y sin amargura; habría que recordarles que el dialogo y el trato no son escaramuzas y que “la urbanidad y la alegría deben preceder a toda moral, porque son los deberes puros” (Stevenson).


Las mujeres 
   La denominación “las mujeres” no incluye a las mujeres feas.


La sociedad de las mujeres 
   Un amigo me dijo: “El trato con las mujeres nos vuelve quejosos. Para obtener simpatía y no reproches, para anticiparnos a las quejas -¿qué otra cosa cabe esperar de las mujeres?- cuando estamos con ellas, nos dolemos. El hábito se establece y muy pronto nos dolemos también cuando estamos solos”.


Promesa 
   Las mujeres deseadas y los ideales, ay, se alcanzan.


Paraísos artificiales 
   Entre el amor y el opio, elige el opio. En los espejos de su laberinto soñado sólo encontrarás tu pobreza, pero el amor te impondrá una mujer y la degradación infinita de su tontería y de su realismo.


Lealtades incompatibles 
   El amor corrompe. A la persona querida, nada negamos: ni la minuciosa infidencia al amigo, ni la superflua traición. Para ser leales con una persona, somos desleales con todas.


De un antiguo 
            De paseo con tu amor, en tonneau, mira de frente; si por cualquier motivo detienes el carricoche, lánzate en brazos de tu amada: le probarás tu amor y te dispensará de verla.

Somos el centro del universo
   I
Para que olvidemos nuestro verdadero destino, los hombres representan el drama de la civilización. Todos son actores que trabajan para nosotros. Todos, incluso el verdugo.


El médico y nosotros 
   Para el médico no estamos enfermos, somos enfermos.


Nuestro camino 
   En el camino de la muerte, sólo hay héroes.


El refugio 
   Nunca he sido ahorrativo ni prudente; sin embargo, desde mis primeros recuerdos tuve el sueño de la Madriguera de Kafka: hacer una cueva con amplias reservas de alimentos e inexpugnables defensas y retirarme a ella y gozar de la sensación de seguridad. También, desde chico, he cavilado sobre lo insuficiente de todas las reservas y lo precario de todas las defensas; ha comprendido, con vana inquietud, que las mismas virtudes que recomiendan un sistema de protección, lo hacen más vulnerable. Y así ad infinitum.


Fábula 
   ... o tal vez porque pensábamos que en ese bote, en el umbral de la muerte, ya no teníamos historias personales, ni circunstancias, ni méritos, ni culpas, ni nombres; ya éramos todos idénticos, todos lo mismo, y concebir elecciones de uno para el infierno y de otros para el cielo nos parecía una perversa y enigmática locura.


(Memorias y digresiones, Adolfo Bioy Casares)

martes, 7 de mayo de 2013

Memoria sobre la pampa y los gauchos




... Las preguntas -¿quién alguna vez no las formuló, no las oyó?- de si realmente existieron el Jorobado de Notre-Dame, los tres mosqueteros, Martín Fierro, Santos Vega o Sherlock Holmes acaso no prueban que para los chicos el peor defecto sea la irrealidad, sino que para los sueños de cualquiera no hay mejor base que un hecho real.



A lo largo de la vida he notado, sin dificultad, que los viejos estancieros dejan entrever la convicción de que los literatos no entendemos mayormente de campo. Consultado sobre la cuestión, un estanciero diserto me respondió:

-Ven al escritor como a un turista. Un hombre que va al campo a mirar, no a trabajar. 


(Memoria sobre la pampa y los gauchos, Adolfo Bioy Casares)

lunes, 6 de mayo de 2013

Un instinto muy antiguo

No hay vanidad inteligente. Es un instinto. Tampoco hay hombre que no sea ante todo vanidoso. El papel de panoli admirativo es prácticamente el único en que se toleran con algo de gusto los humanos.

(Louis-Ferdinand Céline, Viaje al fin de la noche)

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Niños

Mientras no mate, el militar es como un niño. Resulta fácil divertirlo. Como no está acostumbrado a pensar, en cuanto le hablas, se ve obligado, para intentar comprenderte, a hacer esfuerzos extenuantes. El capitán Frémizon no me mataba, no esta bebiendo tampoco, no hacía nada con las manos, ni con los pies, tan sólo intentaba pensar. Eso era superior a sus posibilidades. En el fondo, yo lo tenía sujeto de la cabeza.

(Louis-Ferdinand Céline, Viaje al fin de la noche)

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