lunes, 12 de mayo de 2008

el escrito de la semana (kerouac)

La biblia de más de dos generaciones norteamericanas y no norteamericanas; el libro en el que la generación beat cimentó su postura y la creación de un nuevo tipo de literatura americana… de la increíble y hermosa literatura norteamericana. En el camino (On the road) de Jack Kerouac abre las cortinas a detalles netamente americanos: los caminos casi infinitos, los grandes autos, los bares nocturnos donde el jazz y el blues suenan interminablemente, el contacto de los norteamericanos con sus vecinos del sur (con nosotros, los mexicanos), alcohol, drogas, mujeres, trabajo, no trabajo, etc, etc. Pero siempre algo a la vista, siempre presente en todo momento el camino, la carretera, la calle, siempre ahí, estática, como un buda acostado, pendiente de nosotros, donde con sólo girar la cabeza, ella nos tomará entre sus brazos de asfalto, listos para una aventura más.


Jack Kerouac

En el camino


“Algún día nos encontraremos y secarás todas mis lágrimas y me susurrarás cosas dulces al oído, abrazándonos, acariciándonos, oh, lo que nos estamos perdiendo, amado mío, oh dónde estás…”, y más que la letra es la música y el modo en que Billie canta, lo mismo que una mujer acariciando el pelo de su amante en la penumbra. El viento aullaba. Tenía mucho frío.

Algo, alguien, un espíritu nos perseguía por el desierto de la vida y nos alcanzaría antes de llegar al cielo. Por supuesto, ahora que volvía a ello, no podía ser más que la muerte: la muerte que nos alcanza antes de que lleguemos al cielo. Lo que anhelamos durante nuestra vida, lo que nos hace suspirar y gemir y sufrir todo tipo de dulces náuseas, es el recuerdo de una santidad perdida que probablemente disfrutamos en el seno materno y sólo puede reproducirse (aunque nos moleste admitirlo) al morir. Pero, ¿quién quiere morir?

¿Qué se siente cuando uno se aleja de la gente y ésta retrocede en el llano hasta que se convierte en motitas que se desvanecen? Es que el mundo que nos rodea es demasiado grande, y es el adiós. Pero nos lanzamos hacia delante en busca de la próxima aventura disparatada bajo los cielos.

Y durante un momento llegué al punto del éxtasis al que siempre había querido llegar; a ese paso completo a través del tiempo cronológico camino de las sombras sin nombre; al asombro en el desolación del reino de lo mortal con la sensación de la muerte pisándome los talones, y un fantasma siguiendo sus pasos y yo corriendo por una tabla desde la que todos los ángeles levantan el vuelo y se dirigen al vacío sagrado de la vacuidad increada, mientras poderosos e inconcebibles esplendores brillan en la esplendente Esencia Mental e innumerables regiones del loto caen abriendo la magia del cielo.

1 comentario:

Vivianne dijo...

La vida es una aventura nos guste o no, ahí estamos para levantarnos y caernos una y otra vez y seguir...