lunes, 8 de octubre de 2012

Peces parásitos

Esta mañana he hojeado el 'Saturday Review', he leído unas cuantas notas sobre libros de reciente aparición, no míos, y he acabado sintiendo el horror habitual. Uno debería ser reseñista o, mejor aún, crítico, esos curiosos peces parásitos que viven del trabajo ajeno como alegres fariseos y castigan con palabras lúgubres a lo que les alimenta. No quiero decir con esto que no se critique a los escritores, pero desearía que la gente que se nombra a sí misma para hacerlo no fuese tan estereotipada, tanto física como mentalmente.

(John Steinbeck. Conversaciones con los escritores, The Paris Review)

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Definiciones de pobreza

Usted me dijo: "Te costará mucho tiempo y no tienes dinero. Quizás lo mejor fuese que te fueras a Europa."

"¿Por qué?", pregunté.

"Porque en Europa la pobreza es una desgracia, pero en los Estados Unidos es una vergüenza. No sé si podrás soportar la vergüenza de ser pobre."

No mucho después de esto llegó la depresión. En esa época todo el mundo era pobre y ya no significaba una vergüenza. Así que nunca sabré si lo hubiera podido soportar. Pero, ciertamente, tenía usted razón acerca de algo, Edith: me costó mucho tiempo, muchísimo tiempo. Y aún continúa siendo así y jamás se ha hecho más fácil. Usted me lo había advertido.
[De una carta a Edith Mirrielees, 8 de marzo de 1962.]


(John Steinbeck. Conversaciones con los escritores, The Paris Review)

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Lo mejor y lo peor

Conrad decía que sólo dos cosas se vendían, lo mejor y lo peor. Al ver mis esfuerzos recientes me doy cuenta de que aún no estoy listo para escribir mis mejores obras. No dudo lo más mínimo de que seré capaz de hacerlo más tarde, pero ahora no puedo. Aún queda por ver sí puedo escribir lo peor.


(John Steinbeck. Conversaciones con los escritores, The Paris Review)

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esculturas


Sobre Hemingway

La primera cosa que oímos acercas de la muerte de Ernest Hemingway fue una llamada telefónica del Daily Mail de Londres, que me pedía que hiciera un comentario acerca de ella. Y en privado, aunque ya era de esperar algo así, la encontre bastante impresionante. Hemingway sólo tuvo un tema, uno sólo. El hombre se enfrenta con las fuerzas del mundo, llamadas destino, y lo hace con valentía. Es seguro que todo hombre tiene derecho a terminar con su vida, pero no se encuentra tal posibilidad en ninguno de los héroes de Hemingway. Lo triste resutla que él habría odiado mucho más un accidente que un suicidio. Era un hombre increíblemente vanidoso. Un accidente mientras limpiaba su arma habría significado una violación de todo lo que le enorgullecía. Suicidarse de un tiro en la cabeza resulta casi imposible a menos que sea premeditado. La mayoríade esas muertes suceden cuando el arma cae, y entonces la herida es por lo general en el abdomen. Lógicamente, un cazador experimentado no guarda un arma cargada en casa. Hay algunas armas sobre mi repisa, pero las balas se encuentran en el estante inferior. Las armas se limpian de regreso de la cacería y hay que descargarlas para poder limpiarlas. Hemingway sentía un gran desprecio por los torpes; pero solamente un torpe podía tener un accidente semejante. Por otra parte, según lo que he leído, parece que sufrió un cambio de personalidad en sus últimos años. Ciertamente, su último verano en España y el resultado de sus reportajes para Life no correspondían a su estilo anterior. Quizá, como me dijo Paul de Kruif, Hemingway sufrió una serie de ataques, lo que explicaría el cambio.

Pero aparte de todo esto, Hemingway ha tenido el efecto más profundo sobre la escritura que yo haya nunca visto. No tiene el menor vestigio de humor; la suya es una vida extraña. Siempre intentó probar algo, y uno sólo trata de demostrar lo que no tiene por seguro. Fue el niño mimado de los críticos porque jamás cambió de estilo, tema o historia. No hizo experimentos con su pensamiento o con las emociones. Un poco como Capa [Robert Capa, famoso fotógrafo de Life], se creó una autoimagen ideal y después trató de vivir de acuerdo con ella. Nunca le conocí bien, lo encontré muy pocas veces y siempre fue muy amable y ameno conmigo, aunque me han dicho que hablaba bastante descortésmente de mis esfuerzos en privado. Además, consideraba a los demás escritores vivos no como contemporáneos, sino como antagonistas. Se preocupaba de su inmortalidad como si no estuviese seguro de ella. Y no cabe duda de que la tiene.

Hay algo que me interesa mucho; durante muchos años estuvo hablando de un gran libro que estaba escribiendo y, después de varios libros que ya había escrito y que guardaba para una futura publicación. Nunca he creído en la existencia de tales libros y me sorprendería mucho que existiesen. El primer impulso que siente un escritor es dárselo a leer a alguien. Claro que puedo equivocarme y ser él una excepción. Para el Daily Express de Londres, tengo dos líneas de un escritor superior a nosotros dos. Son así:

"Fue un hombre, tómalo en su totalidad;
jamás veré otro similar".

Y apuesto que al autor le llamaban Papa, las líneas tienen doble aplicación [De una carta a Pascal Covici, 1 de julio de 1961]


(John Steinbeck. Conversaciones con los escritores, The Paris Review )

Tener un escritor en la familia


Es una noticia triste, pero no creo que puedas hacer nada para remediarlo. Puedo recordar el horror que invadió a mis padres cuando se dieron cuenta de manera contundente de lo que pasaba conmigo. Lo que tienes -y tienen ellos- que espera es que la vida se vuelva intolerable a causa de un hijo cruel, pendenciero, obstinado, caprichoso, peleón, irrazonable, nervioso, fugaz e irresponsable. Recibirás de él poca consideración, ninguna lealtad y una atención desesperadamente reducida. De hecho, querrás matarlo. Estoy seguro de que mi padre y madre pensaron a menudo envenenarme. No habrá descanso, para ti ni para él. Ni siquiera tendrá la decencia de tener éxito y si lo tiene, lo tomará como un fracaso; pues una de las caracteríticas de esta profesión consiste en que siempre se fracasa si el escritor es bueno. Y Dennis (Dennis Murphy) no es solamente un escritor, sino que mucho me temo que es un escritor muy bueno.

Me apresuro a ofreceros a ti y a Marie mis condolencias pero también debo deciros que os encontráis indefensos. Vuestra función de padre consistirá, de ahora en adelante, en sacarle de la cárcel, alimentarle cuando esté a punto de morir de inanición, observarle desesperados mientras él parece irracional; y la recompensa por todo esto resultará ser ignorados en el mejor de los casos; o insultados y vilipendiados en el peor. No pretendáis comprenderle, pues él mismo no se comprende. Por el amor de Dios, no le juzguiés con las reglas ordinarias de la virtud, vicio o fracaso. Todo mundo tiene su precio, pero el precio de un escritor, de uno verdadero, es sumamente difícil de encontrar y casi imposible de poner en ejecucción. El mejor consejo que puedo daros es que os mantengáis a un lado, que esquivéis los golpes y, en particular, que os protejáis el vientre. Si pensáis matarlo, más os vale hacerlo rápidamente o será demasiado tarde. No puede augurar paz para él ni para vosotros. Podéis llegar a negar el parentesco; hay mucha gente apellidada Murphy. [De una carta a John Murphy, 21 de febrero de 1957]


(John Steinbeck, Conversaciones con los escritores, The Paris Review)

viernes, 5 de octubre de 2012

Fórmula mágica

Si existe una fórmula mágica en la escritura de los cuentos cortos, y estoy seguro de que existe una, nadie ha sido capaz de reducirla a una receta que pueda ser transmitida de una persona a otra. La fórmula parece radicar únicamente en la urgencia dolorosa del escritor por comunicar algo que considera importante al lector. Si el escritor siente esta urgencia, puede, pero no siempre lo hace, encontrar la manera de hacerlo

(John Steinbeck. Conversaciones con los escritores, The Paris Review)

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